
La naturaleza hace que los hombres nos parezcamos unos a otros y nos juntemos; la educación hace que seamos diferentes y que nos alejemos. Esta frase del gran pensador Confucio refleja claramente una de las claves que nos diferencia a las personas, la educación.
La educación, en todos los ámbitos, en el colegio, en casa y en la calle, es esencial para la formación de personas autónomas, capacitadas y civilizadas. Cuando ésta no existe o está relegada a un segundo plano, surge la manipulación, el desconocimiento y la agresividad.
La persona que no es autónoma con razonamientos pobres e ideas débiles es fácil de convencer, ejecutando acciones que otros más inteligentes no quieren hacer, dejando a éste de cabeza de turco. Su desconocimiento de las cosas, el afán por sentirse importante, el creerse un ser superior, le lleva a hacer y decir cosas simplemente por el hecho de hacer daño, sin ninguna razón justificada, retrotrayéndose a un plano de pura incivilización.
El fin de tener una mente abierta, como el de una boca abierta, es llenarla con algo valioso. Nuestro intelecto se nutre del conocimiento, del contacto con otros individuos, de la capacidad de entender y atender sus ideas, hasta llegar, mediante el razonamiento, a tener nuestra propia opinión. Todo lo que se sale de estas máximas nos lleva a una sociedad poco civilizada y falta de escrúpulos.
Esta reflexión me lleva a preguntarme si las formas del partido popular son realmente civilizadas. De un tiempo a esta parte, en l’Alcora estamos asistiendo a una serie de despropósitos por parte de su cúpula dirigente, que ponen en tela de juicio su capacidad para gobernar. Personas cuyo único argumento es la descalificación y la mentira no merecen que se les tenga en consideración en las próximas elecciones. Su juego carece de todo tipo de normas y principios.
Nuestra sociedad los conoce perfectamente porque están siendo observados y juzgados incluso estando en la oposición. No soportan las críticas, ni que se denuncien sus trapicheos, si a alguien se le ocurre decir algo en contra de su partido, militantes o dirigentes, se pone en marcha un mecanismo de ataque y descalificación, que ni en las mejores organizaciones del pasado. Lo realmente triste es que piensan que lo están haciendo bien. ¿Cómo pretenden ser respetados y respetables, si quien debería predicar con el ejemplo no lo hace? Ver caso Fabra: Se ríe hasta de su propia sombra, burlándose del estamento más respetable de nuestro sistema democrático, la justicia. Acusado por el proceso de los fitosanitarios e investigado en los muchos juicios que tiene la fiscalía abiertos.
O el caso Gürtel, con nuestro flamante presidente Camps y secretario general Sr. Costa imputados en uno de los casos de corrupción más escandaloso de los últimos tiempos. Y qué me dicen del diputado Sr. Trillo, políticamente comprometido por las condenas del Yak-43. Sus seguidores deben de pensar: ¡¡cuando sea mayor quiero ser como ellos, hacen lo que les da la gana y nadie les puede echar el guante!! Esta es la referencia que nuestros políticos populares de l’Alcora tienen. La percepción y la arrogancia de que son inmunes y que todo vale.
La política es dura, apasionante y llena de matices y, cualquiera que se acerque a ella, tiene que seguir unas normas de convivencia y respeto, que no se pueden romper. Los populares de l’Alcora deben saber y tener muy presente que hay unos límites que no pueden sobrepasar y que es importante ceñirse a lo estrictamente político y público. Realmente no se puede empequeñecer ni amedrentar a nadie mediante la burla, el menosprecio y el insulto. La educación es un valor a la baja que está pasando factura día a día y al final debería prevalecer el sentido común. "Mantente alejado de las personas que tratan de empequeñecer tus ambiciones. La gente mezquina siempre lo hace, pero los grandes de verdad te hacen sentir que tú también puedes llegar a serlo" - Mark Twain.